“Tengo un barco en el patio de mi casa”: la historia de Silvia Sosa en Cabo San Pablo
En la zona de Cabo San Pablo, sobre la costa fueguina, Silvia Sosa vive y trabaja desde hace décadas junto a su familia, al frente de un camping que recibe visitantes de todo el mundo. En diálogo con AIRE LIBRE FM, recordó sus comienzos en el lugar, el duro trabajo de la pesca y la particular relación que tiene con el histórico barco encallado frente a la costa.
La tranquilidad, el paisaje y la cercanía con el mar fueron suficientes para que Silvia Sosa decidiera quedarse para siempre en uno de los rincones más aislados de Tierra del Fuego.
Desde el camping ubicado frente al mar, en la zona de Cabo San Pablo, la mujer recibe a turistas, pescadores y aventureros que llegan atraídos por la naturaleza y por una postal muy particular: el barco encallado que se convirtió en símbolo del lugar.
Se trata del histórico Desdémona, al que Sosa menciona con cariño y humor.
“Yo siempre digo que tengo un barco en el patio de mi casa. ¿Quién tiene un barco en el patio de su casa? Yo nomás”, comentó entre risas, aclarando que lo dice en tono de broma, aunque reconoce que con los años lo siente muy propio.
Según recordó, conoció el lugar en 1988, cuando llegó a pasar una Navidad en el sector.
“En ese tiempo no había nada. Solo la hostería y dos ranchitos. Nosotros acampamos dentro del bosque y después vinimos hacia el barco. Me enamoré del lugar, del barco, de la tranquilidad y de la paz que hay acá”, relató.
Una vida dura, pero elegida
La vida en ese sector de la costa no siempre fue fácil. Sosa recordó que durante años debieron arreglarse con lo mínimo.
Primero utilizaron velas para iluminarse, luego un pequeño sistema improvisado para tener algo de electricidad y, con el tiempo, fueron sumando un generador y finalmente paneles solares.
“Acá fue muy duro, pero cuando te gusta el lugar y lo amás, soportás muchas cosas”, aseguró.
Desde 1991 la familia se dedica a la pesca en la zona, una actividad que —según explicó— requiere esfuerzo y mucha paciencia.
“La vida del pescador acá es muy sacrificada. Tenés que amar lo que hacés”, señaló.
Invierno extremo y caminos difíciles
El clima es otro de los grandes desafíos para quienes viven en el lugar.
En invierno las heladas son intensas y el acceso puede volverse peligroso.
“Cuando escarcha es muy complicado. La ruta tiene curvas, subidas y bajadas, y a veces ni siquiera podés entrar o salir”, explicó.
Por eso, durante los meses fríos el movimiento turístico es escaso y solo los vecinos de la zona suelen acercarse.
Un camping que recibe turistas de todo el mundo
Durante el verano, sin embargo, el panorama cambia completamente.
El camping que administra la familia cuenta con proveeduría y un pequeño espacio gastronómico donde ofrecen productos caseros y platos elaborados con pescado de la zona.
Entre las opciones se pueden encontrar: empanadas de salmón o pescado ahumado, pizza y pan casero, tortas fritas y alfajores de maicena, pan con chicharrón o grasa, filete de salmón grillado o a la manteca.
Además, cuando preparan sopa de pescado suelen compartirla con quienes llegan al lugar: “Al que va entrando le damos una sopa. Es un mimo de la casa”, contó.
El camping también recibe contingentes turísticos, motociclistas, ciclistas y viajeros en motorhome que recorren la isla. “Viene gente de todo el mundo. Acá el que quiera venir es bien recibido”, afirmó.
De Córdoba al fin del mundo
Sosa nació en Córdoba y llegó a Ushuaia en 1983, cuando tenía apenas 21 años.
El viaje lo realizó en un avión Hércules de la Fuerza Aérea, en una época marcada todavía por la reciente Guerra de Malvinas.
Al principio, la adaptación no fue sencilla. “Extrañaba mucho. La primera Navidad lloré porque no era lo mismo que en Córdoba. Allá sacábamos las mesas afuera, bailábamos cuarteto con los vecinos. Acá estaba toda emponchada por el frío”, recordó.
Sin embargo, con el paso de los años encontró en Tierra del Fuego su lugar en el mundo.
Hoy vive allí junto a su esposo, mientras sus dos hijos residen en Ushuaia y los visitan cada vez que pueden.
Entre el mar, la pesca y el viejo barco encallado frente a la costa, Sosa asegura que no cambiaría su vida por nada. “Este lugar tiene una paz que no se compra en ningún lado”, concluyó.
(EN EL AUDIO LA ENTREVISTA COMPLETA)
() Aire Libre FM 96.3:










