Con su bicicleta y productos caseros, Alberto recorre Tolhuin para ganarse la vida: “Con nieve, lluvia o viento, salimos igual”

Alberto Antonio Correa es vendedor ambulante y desde hace cinco años se gana la vida ofreciendo alfajores de maicena, chipá y sándwiches de miga en las calles de Tolhuin. En diálogo con AIRE LIBRE FM, contó cómo sostiene su emprendimiento en medio de las dificultades económicas, las bajas temperaturas y las exigencias de un trabajo que no se detiene ni siquiera durante el invierno fueguino.

En una de las esquinas cercanas a la estación de servicio de Tolhuin, Alberto Antonio Correa se ha convertido en una presencia conocida para vecinos y viajeros. Con su bicicleta y dos grandes recipientes cargados de productos caseros, sale cada día a buscar compradores, sin importar demasiado si hace frío, llueve o sopla el viento.

 

Hace cinco años que vive en la localidad y encontró en la venta ambulante una manera de sostenerse económicamente. Su emprendimiento es sencillo, pero requiere dedicación, organización y muchas horas de trabajo.

 

“Soy vendedor ambulante, vendo alfajorcitos, sanguchitos de miga, chipá. La gente que me conoce, que viene de Río Grande o Ushuaia, sabe que siempre me paro en la esquina de la estación de servicio”, contó.

 

Entre los productos más elegidos por sus clientes se encuentran los alfajores de maicena y el chipá, el tradicional pan de queso. También prepara budines y sándwiches de miga, alternando la mercadería según la jornada.

 

“Lo que se vende mucho son los alfajorcitos de maicena y el chipá”, explicó.

 

Su bicicleta funciona como medio de transporte y, al mismo tiempo, como parte fundamental del emprendimiento. En uno de los recipientes lleva productos dulces y en el otro, salados.

 

Un trabajo que empieza mucho antes de salir a vender

 

La rutina de Alberto no comienza cuando llega a la esquina donde habitualmente ofrece sus productos. Detrás de cada jornada de ventas hay horas dedicadas a la elaboración de la mercadería.

 

“Todo lo dulce se prepara a la tarde y los salados se preparan más a la mañana”, explicó.

 

De esa manera organiza su producción para contar diariamente con alimentos listos para ofrecer a quienes pasan por el lugar.

 

Pero trabajar en la vía pública en Tierra del Fuego también significa enfrentar condiciones climáticas que muchas veces dificultan cualquier actividad al aire libre.

 

En Tolhuin, las nevadas, las heladas y el viento forman parte de la vida cotidiana durante buena parte del año. Para Alberto, sin embargo, quedarse en casa no siempre es una opción.

 

“Con hielo, nieve, lluvia, viento, salimos igual. Vivo de esto y hace cinco años que estoy acá en Tolhuin. Gracias a Dios vivo de esto y vivo bien”, aseguró.

 

Las ventas están difíciles, pero no pierde el optimismo

 

Consultado sobre la situación económica y cómo evolucionaron las ventas durante el último año, Alberto reconoció que el panorama no es sencillo.

 

Como tantos trabajadores independientes, depende de lo que consiga vender cada día. No tiene garantizada una cantidad fija de clientes ni ingresos estables, por lo que cada jornada representa un nuevo desafío.

 

“Está complicado el tema de la calle y las ventas, pero uno siempre trata de ser positivo, de ser amable con la gente y de sacarse el día. Siempre para adelante”, expresó.

 

Esa actitud, según relató, es una de las claves que le permiten continuar con su actividad.

 

A pesar de las dificultades, Alberto se muestra agradecido por haber encontrado una forma de trabajar por cuenta propia y mantener su emprendimiento durante estos años.

 

También reconoce que una parte importante de su continuidad se debe a quienes lo acompañan comprando sus productos.

 

“Firme, gracias a Dios, con mi emprendimiento y con la misma gente que colabora, que para y me compra. La gente del pueblo y la gente que realmente me conoce”, destacó.

 

En una localidad donde muchos vecinos se conocen y los viajeros suelen detenerse durante sus recorridos por la provincia, Alberto construyó una clientela a partir de la constancia y el trato cotidiano.

 

Su historia refleja una realidad compartida por numerosos trabajadores que encuentran en los pequeños emprendimientos una alternativa para generar ingresos.

 

Mientras las condiciones del tiempo lo permitan, y aun cuando no sean las mejores, Alberto seguirá saliendo con su bicicleta, sus recipientes y sus productos caseros.