Huertas escolares: Cómo enseñar a producir alimentos sin grandes inversiones
El profesor Hugo Cejas, referente de la producción agropecuaria escolar en Río Grande, habló con AIRE LIBRE FM en el programa El campo es al Aire Libre, conducido por Germán Vanadía. Destacó el valor de las huertas como herramientas pedagógicas para aprender sobre naturaleza, alimentación saludable y producción agroecológica, y aseguró que no hace falta contar con un invernadero costoso para comenzar.
Las huertas escolares pueden convertirse en mucho más que un espacio para cultivar verduras: son una herramienta educativa que permite integrar distintas materias, aprender sobre los procesos de la naturaleza y comprender cómo se producen los alimentos. Así lo explicó el profesor Hugo Cejas, quien trabaja con proyectos de este tipo en instituciones educativas de Río Grande y promueve su desarrollo en la provincia.
En diálogo con AIRE LIBRE FM, durante el programa El campo es al Aire Libre, que conduce Germán Vanadía, Cejas sostuvo que el contacto con la tierra permite abordar contenidos vinculados con la producción agroecológica, el cuidado del ambiente y la alimentación saludable, adaptados a las condiciones particulares de Tierra del Fuego.
“La verdad que es un gran desafío, muy hermoso, porque uno está en contacto con los alumnos y puede enseñar, y más que nada a producir sus alimentos, estar en contacto con la naturaleza, charlar un poco sobre la alimentación saludable y cómo producir alimentos de forma orgánica, agroecológica, acá en Tierra del Fuego”, expresó.
Empezar una huerta sin grandes recursos
Uno de los principales obstáculos que suelen plantear las instituciones educativas es la falta de infraestructura o de presupuesto para poner en marcha una huerta. Frente a esa dificultad, Cejas aseguró que es posible comenzar con recursos sencillos y materiales reutilizados.
“Lo primero que siempre digo es que no hay excusa, que uno, si quiere y se mueve, puede lograr grandes cosas. No hace falta tener un súper invernadero, una estructura muy costosa”, señaló.
Según explicó, una huerta puede iniciarse dentro de un aula que tenga buena iluminación, en un laboratorio escolar o en un espacio exterior protegido del viento. También se pueden utilizar recipientes reciclados para comenzar con los primeros cultivos.
Cejas desarrolla estas experiencias en la Escuela N.º 14, en el nivel secundario y en otras instituciones, incluidos jardines de infantes. Además, participa en actividades de la Fundación Tercer Milenio, donde también se acercan vecinos adultos interesados en aprender sobre producción.
Qué se puede cultivar en las escuelas fueguinas
A lo largo de su experiencia, el docente trabajó con una variedad de cultivos que incluye verduras de hoja, aromáticas, hortalizas de raíz y plantas de fruto.
Entre los ejemplos mencionó lechuga, acelga y espinaca; albahaca, perejil, orégano y tomillo; además de tomate, frutilla, zanahoria, cebolla y remolacha.
Sin embargo, aclaró que el objetivo principal de una huerta escolar no es alcanzar una producción masiva, sino aprovechar cada etapa del cultivo para enseñar.
“No es largarse a producir 500 kilos de tomate, sino ver cómo se produce una planta de tomate, las partes que tiene la planta y los procesos”, explicó.
Desde esa perspectiva, la huerta se convierte en un proyecto institucional en el que pueden participar estudiantes de distintos grados y docentes de diferentes áreas.
Una herramienta para integrar todas las materias
El trabajo en la huerta permite relacionar contenidos de biología, matemática, geografía, inglés y artística, entre otras asignaturas. La observación de las plantas, el estudio del suelo, los tiempos de crecimiento y las condiciones ambientales se transforman en oportunidades concretas para aprender.
Cejas destacó que el contexto geográfico de Tierra del Fuego también forma parte de esa experiencia educativa: cultivar en la provincia invita a conocer las particularidades del clima, la luz, el suelo y las condiciones necesarias para producir alimentos.
“Intervienen todas las áreas. Como vos decís, biología, los ecosistemas, matemática, hasta el profesor de inglés y de artística: todos trabajan en la huerta”, señaló.
De esta manera, el proyecto no queda limitado a una actividad aislada, sino que puede atravesar la planificación de toda la institución y promover el trabajo colaborativo entre docentes y estudiantes.
Agroecología y producción local
La propuesta de Cejas se vincula con una mirada agroecológica que busca acercar a los estudiantes a los procesos naturales y a la producción responsable de alimentos. El docente considera que estas experiencias ayudan a comprender de dónde provienen los productos que llegan a la mesa y qué condiciones hacen posible su cultivo.
Su trabajo también apunta a demostrar que la producción de alimentos en Tierra del Fuego puede abordarse desde espacios pequeños y con herramientas accesibles, sin que la falta de grandes instalaciones se convierta en un impedimento para comenzar.
La experiencia de las huertas escolares, concluyó, permite combinar aprendizaje, cuidado ambiental y hábitos saludables, mientras fortalece el vínculo de la comunidad educativa con la naturaleza.
(EN EL AUDIO LA ENTREVISTA COMPLETA)
Aire Libre FM 96.3






