Tres kayakistas cruzarán el Círculo Polar Antártico en una travesía para ayudar al CAAD de Ushuaia

Diego Linares, Javier Siede y Juan Ignacio Tomaselli realizarán la travesía “Antártida Infinita”, un recorrido de aproximadamente 950 kilómetros entre las bases Esperanza y San Martín. La expedición combinará un desafío deportivo e histórico con una campaña solidaria para recaudar fondos destinados a la construcción del edificio propio del CAAD. Linares habló con AIRE LIBRE FM sobre los preparativos para esta iniciativa.
Diego Linares dialogó con este medio y señaló que la partida desde Ushuaia está prevista para el 2 de enero y el regreso se estima para mediados de febrero, en una travesía que busca visibilizar el autismo, promover la inclusión de las personas con discapacidad y colaborar con el Centro de Actividades Alternativas para Personas con Discapacidad (CAAD).
La iniciativa tiene un fuerte componente personal para Linares, quien es padre de un hijo con autismo que asiste a la institución. El deportista explicó que el proyecto surgió luego de la expedición que realizó el año pasado al Cabo de Hornos, junto a Javier Siede y Walter Cacho, en la que cada integrante llevó una causa vinculada con su propia historia.
“Mi causa es el autismo porque tengo un hijo con autismo. Mi hijo va al CAAD y, entre la intención de hacer y visibilizar, siempre digo que hay que hacer algo extraordinario, en un lugar extraordinario, llevando un mensaje extraordinario”, expresó.
En ese sentido, sostuvo que el esfuerzo que demanda una expedición de estas características también representa una oportunidad para convocar a la comunidad y generar recursos económicos que permitan acompañar el crecimiento del CAAD. Según explicó, la institución necesita un edificio propio ante el aumento de la demanda de atención de personas con discapacidad.
Un desafío deportivo e histórico en la Antártida
La expedición contempla unir la base Esperanza con la base San Martín, replicando por una ruta marítima la travesía que realizó en 1962 el teniente Gustavo Giró, integrante del Ejército Argentino, por vía terrestre.
“Es un desafío deportivo y también histórico, porque rendir homenaje a la expedición de Gustavo Giró de 1962, pero en kayak y cruzando el Círculo Polar, es una hazaña inédita”, señaló Linares.
El recorrido será de aproximadamente 950 kilómetros, distribuidos en 23 etapas de remo de entre 30 y 50 kilómetros diarios. Sin embargo, el desarrollo de la travesía dependerá de las condiciones meteorológicas, el estado del mar y la presencia de hielo en las zonas más australes.
Linares, quien trabajó como guía antártico durante el último verano, indicó que esa experiencia le permitió conocer parte de los sectores que deberán atravesar y evaluar algunas de las dificultades que encontrarán durante la expedición.
El tramo más exigente: la exposición al pasaje de Drake
El kayakista identificó la primera etapa como el principal desafío técnico de la travesía. Se trata del trayecto desde la base Esperanza hasta la entrada del estrecho de Gerlache, una zona expuesta a las condiciones del estrecho de Bransfield y a los sistemas meteorológicos vinculados al pasaje de Drake.
“Son unos 200 o 250 kilómetros aproximadamente. La realidad es que todavía estamos analizando la estrategia de cómo lo vamos a encarar, porque entendemos que va a ser el tramo más exigente”, explicó.
En ese sector, el equipo deberá evaluar cuidadosamente las ventanas meteorológicas, los tiempos de navegación y los lugares donde será posible desembarcar para descansar o resguardarse.
Una vez que ingresen al estrecho de Gerlache, los expedicionarios atravesarán archipiélagos caracterizados por sus paisajes y su fauna. La tercera etapa estará marcada por el análisis de las condiciones del hielo marino.
“Yendo tan al sur empieza a haber muchos hielos flotando que pueden obstaculizar el desarrollo y el avance de la expedición. Habrá que esperar, analizar por dónde se avanza y eso puede alargar o mantener la planificación que nosotros esperamos”, detalló.
Autosuficiencia y un barco de apoyo
Los tres kayakistas realizarán el recorrido en sus propias embarcaciones, pero contarán con el acompañamiento de un barco de apoyo para responder ante posibles emergencias.
Linares explicó que el objetivo es alcanzar el mayor grado de autosuficiencia posible, con una planificación previa de las costas, los puntos de desembarco y las alternativas disponibles a lo largo del trayecto.
No obstante, advirtió que las condiciones antárticas pueden cambiar de manera imprevista y que la seguridad será prioritaria.
“Si hay alguna situación de emergencia o algo que ponga en riesgo nuestra integridad, obviamente vamos a utilizar el barco para resguardarnos”, afirmó.
La planificación contempla, por lo tanto, combinar la autonomía de los deportistas con la asistencia necesaria para afrontar las dificultades propias de una travesía en una de las regiones más hostiles del planeta.
Unos 45 días de expedición
De acuerdo con las estimaciones del equipo, la travesía completa demandará alrededor de 45 días, incluidos los traslados marítimos, la adaptación a las condiciones antárticas, las jornadas de remo y el regreso a Ushuaia.
El plan inicial contempla cruzar el pasaje de Drake a bordo de un velero durante aproximadamente cuatro días. Una vez en la base Esperanza, los integrantes tendrán unos días de adaptación y descanso antes de comenzar el recorrido hacia el sur.
Luego afrontarán las 23 etapas de remo, con jornadas de entre 30 y 50 kilómetros, siempre sujetas a las condiciones climáticas y al estado del mar.
Al llegar a la bahía Margarita, donde se encuentra la base San Martín, volverán a embarcarse en el velero para emprender el regreso hacia Ushuaia.
La fecha estimada de arribo a la base San Martín es el 10 de febrero, aunque el cronograma podría modificarse por las condiciones ambientales.
Una campaña para acompañar al CAAD
Más allá del desafío deportivo, “Antártida Infinita” busca transformar la expedición en una herramienta de concientización y solidaridad. El objetivo es instalar la importancia de la aceptación, la inclusión y el respeto por las personas con discapacidad, además de recaudar fondos para que el CAAD pueda contar con un edificio propio.
Para Linares, la travesía representa una manera de unir una experiencia personal con un propósito colectivo: aprovechar la dimensión de una expedición antártica para llevar un mensaje que trascienda lo deportivo y contribuya a mejorar las condiciones de una institución fundamental para muchas familias.
Así, el recorrido de los tres kayakistas buscará dejar una huella que vaya más allá de los kilómetros navegados: visibilizar el autismo, impulsar una sociedad más empática y acompañar las necesidades de quienes requieren espacios de atención y desarrollo.
Aire Libre FM 96.3






