María Eva “Guayna” Rivera, una vida dedicada al cuidado: “Fui muy feliz en el hospital”

Enfermera jubilada y referente histórica del Hospital de Río Grande, María Eva Rivera, conocida por todos como “Guayna” fue nominada al premio nacional Virginia Henderson, un reconocimiento a la trayectoria en el ejercicio de la enfermería. En diálogo con AIRE LIBRE FM, repasó su recorrido laboral, sus comienzos humildes y el profundo vínculo que la unió durante casi tres décadas con el hospital y sus pacientes.

Con 27 años de trabajo en el sistema público de salud, Guayna relata una historia atravesada por el esfuerzo, la vocación y el compromiso cotidiano. “Capaz que fue un error, pero el hospital era mi vida”, afirmó.

 

María Eva Rivera llegó a los estudios de AIRE LIBRE FM con perfil bajo, casi con timidez. No le gustan las luces ni los reconocimientos, pero esta vez la ocasión lo ameritaba: fue nominada al premio Virginia Henderson, una distinción nacional que reconoce la trayectoria de enfermeras y enfermeros en el campo laboral.

 

“La verdad que sí, me emocioné mucho, no lo esperaba”, confesó. Y agregó: “De no ganarlo, ya estar nominada entre enfermeras de todo el país es un orgullo enorme”.

 

El premio lleva el nombre de Virginia Henderson, considerada una de las principales referentes de la enfermería moderna. Guayna explicó que no se trata de un reconocimiento académico o científico, sino de una distinción a la trayectoria: “No es un premio por trabajos científicos, sino por el recorrido laboral, por ver en qué se destacó cada enfermero en su trabajo”.

 

La nominación llegó por el trabajo realizado y también por lo que ella define como “la lucha”: “Alguien me postuló por el trabajo realizado y más por la lucha, y eso me emocionó mucho”.

 

Aunque la entrega del premio se realiza en Buenos Aires, Guayna no pudo viajar. “Soy jubilada, no alcanza la plata para viajar”, dijo con sinceridad, agradeciendo igualmente el acompañamiento y las muestras de cariño recibidas.

 

Su historia en la enfermería comenzó mucho antes de llegar a Tierra del Fuego. En Santa Fe, su provincia natal, trabajó de lo que fuera necesario: “Juntaba algodón, limpiaba casas, vendía productos de Avon, de Amodil, lo que se te ocurra”.

 

Ingresó al hospital de Alejandra realizando tareas generales, pero siempre cerca de los pacientes. “Yo estaba todo el tiempo donde estaban los pacientes, preguntando, ayudando”, recordó. Fue allí cuando un médico la incentivó a formarse como auxiliar de enfermería. “Con tres chicos chiquitos, viajaba de lunes a viernes a San Javier para hacer el curso. Era el año 75”.

 

En 1985 se mudó a Río Grande. Ese mismo año ingresó al hospital local. “Mi carrera es acá”, afirmó. Comenzó como auxiliar y, tras años de capacitación y esfuerzo, se recibió de enfermera profesional. “Terminé gracias a esta isla, a la lucha y a todo lo que me dio Tierra del Fuego”.

 

Trabajó 27 años, desde 1985 hasta 2012, pasando por prácticamente todos los sectores: guardia, clínica médica, cirugía, maternidad, parto, quirófano y también en San Sebastián, donde realizaban guardias de 24 horas. “Iba el que quería, no te obligaban, pero yo iba”, contó.

 

Aunque valoró cada experiencia, hubo un espacio que marcó especialmente su vida laboral. “Mi lugar fue la sala de parto, con las parturientas”, dijo. Allí también nació su apodo. Durante un parto, al cantar una canción típica de la provincia de Corrientes, para tranquilizar a una mujer, el médico le preguntó por una palabra que ella había usado. “Guayna es como decir chinita en el norte”, explicó. Desde entonces, el nombre quedó para siempre.

 

Guayna recuerda su paso por el hospital con una mezcla de orgullo y nostalgia. “Fui muy feliz en el hospital, tan feliz que tuve que entender que no era mi casa ni mi familia”, reflexionó. Reconoció que esa identificación absoluta con el trabajo hoy la ve como un error, pero también como una muestra del profundo sentido de pertenencia que vivió.

 

“Con plata de mi bolsillo compraba cosas para la sala, cortinas, adornos, lo que hiciera falta”, relató. “Creo que entregué todo y más”.

 

También recordó debates y discusiones. “Me peleé mucho con médicos, pero siempre para hablar, para discutir, porque nadie es dios”, afirmó, destacando la importancia de la enfermería en el cuidado integral del paciente.

 

La entrevista estuvo atravesada por mensajes de oyentes, ex compañeros y familiares que saludaron a Guayna y recordaron su compromiso. Frente a esos mensajes, ella destacó que muchos trabajadores de la salud “han dejado huellas que no se ven”.

 

Antes de despedirse, expresó un deseo: que se pueda reconocer a todas las enfermeras jubiladas que construyeron el sistema de salud desde el trabajo cotidiano. “Puede haber muchos títulos, pero lo importante es cómo aplicás todo eso al cuidado del paciente”, concluyó.

Una frase que resume una vida entera dedicada al otro.

 

(EN EL AUDIO LA ENTREVISTA COMPLETA)


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