Luis Alvarenga, uno de los antiguos pobladores de Tolhuin: “Acá hicimos nuestra vida y acá seguimos”

Luis Alvarenga, antiguo poblador de Tolhuin, habló con AIRE LIBRE FM y recordó su llegada desde Misiones el 19 de agosto de 1982, cuando tenía apenas 23 años y arribó junto a su esposa y su pequeña hija en busca de nuevas oportunidades. Más de cuatro décadas después, asegura que Tolhuin se convirtió definitivamente en su lugar en el mundo. Incluso después de perder su casa en un incendio, la familia decidió reconstruir y quedarse. “Ahora también nos atan mucho los nietos”, contó.

Hay fechas que no se olvidan. Para Luis Alvarenga, una de ellas es el 19 de agosto de 1982, el día en que llegó a Tolhuin desde Misiones acompañado por su esposa y su hija de apenas tres años.

Él tenía 23 años. Su mujer, 20.

“Llegamos como a la madrugada. Al otro día queríamos salir y no sabíamos por dónde habíamos entrado por la nieve que había”, recordó entre risas.

El viaje comenzó casi por impulso. En Misiones apareció la posibilidad de sumarse a un colectivo que trasladaba personas hacia Tierra del Fuego para trabajar y Luis decidió probar suerte.

“Le dije a mi señora: ‘Vamos, vamos a probar suerte’. Nos embarcamos y nos vinimos”, relató.

Lo que inicialmente podía ser una experiencia temporal terminó convirtiéndose en una vida entera.

“Decíamos que cuando nos aburriéramos nos íbamos, pero no. Seguimos acá”, contó.

Un incendio y la decisión de empezar nuevamente

La historia familiar también tuvo momentos difíciles. Uno de los más duros fue el incendio en el que perdieron su vivienda.

Pero ni siquiera entonces pensaron en abandonar Tolhuin.

“Se nos quemó la casa, resurgimos e hicimos otra. Y seguimos acá, apostando a Tolhuin”, expresó.

Con el paso de los años, los vínculos con Misiones fueron cambiando. Durante mucho tiempo regresaban porque allí todavía estaba su madre. Después de su fallecimiento, esos viajes fueron haciéndose menos frecuentes.

Las raíces, definitivamente, habían quedado en Tierra del Fuego.

Luis también fue testigo del crecimiento y la transformación de Tolhuin desde aquellos primeros años, cuando la localidad era muy diferente a la ciudad que conoce actualmente.

Al preguntarle cómo vivió ese desarrollo, respondió con sencillez: “Bien, gracias a Dios. Acá seguimos firmes”.

Los nietos, otra razón para quedarse

Hoy existe además otro motivo que hace todavía más difícil imaginar una vida lejos de Tolhuin: sus nietos.

“Nos atan mucho los nietos. Por ahí pensamos en salir, pero ellos dicen: ‘¿Cómo se van a ir? Nosotros somos una familia’”, contó.

Eso no significa que la familia no piense en viajar o conocer nuevos lugares. De hecho, Luis bromeó con que para las vacaciones sus nietos ni siquiera esperan una invitación.

“Se anotan solos”, dijo entre risas.

Más de 44 años después de aquella madrugada nevada de 1982, Luis Alvarenga mira hacia atrás y encuentra una historia construida casi por completo en Tolhuin: allí crió a su familia, perdió una casa y volvió a levantarla, vio crecer la ciudad y hoy disfruta de sus nietos. Lo que alguna vez fue “probar suerte” terminó convirtiéndose en raíces.

 

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