José Velarde, del cierre de Textil Río Grande a encontrar en la pesca una forma de seguir adelante
José Velarde, extrabajador de Textil Río Grande, habló con AIRE LIBRE FM sobre cómo reconstruyó su vida después del cierre de la fábrica en 2024, donde había trabajado durante 12 años. Con problemas de salud, dificultades para reinsertarse laboralmente y a la espera de cobrar su indemnización, comenzó a vender comida y encontró en la pesca una pequeña fuente de ingresos, pero sobre todo un espacio de contención. “El único lugar donde me siento tranquilo es en la playa, en el río”, contó.
Doce años de trabajo terminaron de manera abrupta para José Velarde cuando Textil Río Grande cerró sus puertas en 2024. Desde entonces comenzó una etapa marcada por la incertidumbre económica, problemas de salud y la necesidad de buscar distintas formas de sostenerse.
“Fue un momento difícil que me tocó vivir como trabajador, como obrero. También siento una gran tristeza por cómo fue toda la situación de la fábrica”, recordó.
Velarde asegura que salió de la empresa atravesando distintas patologías, entre ellas problemas de columna y artrosis de cadera, una situación que, sumada a su edad, complicó aún más la posibilidad de conseguir otro empleo.
“Con la edad que tengo y con todas las patologías que tengo, no puedo entrar a trabajar en cualquier lado”, explicó.
A ello se suma una cuestión que todavía permanece abierta. Según relató, continúa sin percibir la indemnización correspondiente.
Velarde señaló que durante este año recibió una resolución judicial favorable, pero que la empresa apeló y el proceso continuó.
“Para mí todavía es un momento de incertidumbre porque no tengo mi indemnización. Sigo en la lucha de todos los días”, expresó.
Empanadas, pastafrola y buscar cómo sobrevivir
Después del cierre de la fábrica no podía quedarse esperando.
Comenzó a elaborar y vender empanadas y pastafrola, mientras buscaba ayuda para conseguir algunos de los insumos necesarios.
“Tuve que hacer una nota para que me colaboraran aunque fuera con harina, pollo y otras cosas para poder vender las empanadas. Así estuve sobreviviendo prácticamente todo ese año”, recordó.
Posteriormente accedió al fondo de desempleo, que cobró hasta aproximadamente agosto de este año.
Pero en el medio apareció algo que José no esperaba: la pesca.
Otros pescadores de Río Grande comenzaron a enseñarle a utilizar la caña, preparar el equipo y conseguir la carnada. Él recordó especialmente a Marcelo, uno de los hombres que lo ayudó cuando recién comenzaba.
Con el tiempo empezó además a juntar carnada utilizada para la pesca del pejerrey y a ofrecérsela a otros pescadores.
No era un ingreso suficiente para resolver sus problemas económicos, pero ayudaba.
“No digo que me hacía la plata, pero era una platita que servía”, contó.
“El río es una terapia”
La pesca terminó significando mucho más que una actividad para conseguir algunos pesos.
Después de quedarse sin trabajo, Velarde reconoció que atravesó un momento emocional difícil y comenzó tratamiento psicológico.
“Llegó un momento en que me sentí mal emocional y psicológicamente. Tuve que ir al psicólogo y la psicóloga me fue ayudando a sobrellevar toda esta situación”, relató.
Durante esas conversaciones encontró una respuesta sencilla cuando le preguntaban dónde se sentía mejor.
“El único lugar donde yo me siento tranquilo es en la playa, en el río”, dijo.
Allí empezó a encontrarse con otras personas atravesadas por historias similares: antiguos trabajadores textiles, empleados de fábricas metalúrgicas que quedaron sin empleo, jubilados y vecinos con distintos problemas personales o de salud.
“Casi todos los que vamos ahí lo tomamos como una terapia. La mayoría tiene un montón de conflictos. Hay muchos desocupados y personas enfermas que encuentran ahí un poco de paz”, describió.
Ni siquiera el invierno logra alejarlo completamente del lugar. Cuando la temporada de pesca se detiene, José sigue acercándose para caminar pese al frío.
Ahora, con el inicio de una nueva temporada, volvió a tirar la caña. En una de sus últimas salidas consiguió dos róbalos y su primer pejerrey de este año.
Espera que hacia mediados de noviembre y diciembre la actividad aumente y el río vuelva a llenarse de pescadores.
Para José Velarde, la pesca no solucionó el conflicto laboral que arrastra desde 2024 ni reemplaza los doce años que pasó dentro de una fábrica. Pero terminó convirtiéndose en algo que necesitaba profundamente: una actividad para mantenerse ocupado, conseguir algún ingreso y, principalmente, encontrar un lugar donde poder respirar en medio de la incertidumbre.
(EN EL AUDIO LA ENTREVISTA COMPLETA)
Aire Libre FM 96.3






