Venta ambulante en Las Grutas: “La gente viene, pero no compra”
En medio de las impresionantes vistas del océano y la actividad turística, Raúl Fernández, un vendedor de pochoclo y choclo, comparte su experiencia tras cuatro temporadas de trabajo en este popular destino turístico. “Esta temporada es floja, muy floja”, afirma Raúl, mientras maneja su carro en la playa.
Aunque reconoce que hay turistas en la zona, la dinámica de las ventas ha cambiado drásticamente. “La gente viene, pero no compra. No hay plata”, explica. Según Raúl, muchos visitantes hacen un esfuerzo por gastar en la fiesta, pero después se retiran sin realizar compras significativas. Con la llegada de un nuevo grupo de turistas, Raúl espera que la situación mejore. “El recambio de gente se hace cada vez en menos días. Antes era de quince días, ahora es menos”, señala. Esta dinámica afecta directamente a su negocio, ya que los nuevos visitantes suelen ser los que realmente gastan.
Raúl, quien anteriormente fue taxista, decidió dedicarse a la venta ambulante tras no poder renovar su vehículo. En invierno, se dedica a la construcción y jardinería, actividades que le permiten subsistir durante la temporada baja de turismo.
Cuando se le pregunta sobre el impacto de las políticas nacionales en su situación, Raúl es claro: “La política no me llama. No veo a Milei como presidente de la Argentina”, expresa con desdén. A pesar de su indiferencia hacia la política, reconoce que el clima económico actual afecta a todos los vendedores en la playa, incluyendo a aquellos que ofrecen otros productos como pizza y donas.
La dificultad se hace aún más evidente en los días de viento, como el de hoy, que le ha dejado con solo seis ventas de pochoclo en comparación con días mejores donde podría vender hasta noventa. “En un buen día, puedo hacer alrededor de cuarenta mil pesos, pero hoy solo he vendido seis”, comenta con resignación.








